Galaxy I: La rebelión de los inmortales - Prefacio

pcarballosa

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Galaxy I

Libro Segundo
La rebelión de los inmortales

Prefacio


El espacio, en calma hasta ese instante, se conmovió de pronto, como si se doblara sobre sí mismo formando una espiral.

Fue como si de un momento a otro fuera a nacer una nueva estrella, como las que se podían ver refulgiendo calmadamente en aglomeraciones a lo lejos desde esa oscura región de la nada; y esa sensación se hizo más creíble cuando del caótico remolino se desprendió un halo de una refulgente luz de color azulado, y todo lo que se veía a su través pareció distorsionarse como un reflejo en el agua.

La explosión se produjo un poco después, sin que nada la anunciara; una explosión de enormes magnitudes que emitió una destructiva onda expansiva a pesar de estar en el vacío; y ese nuevo fenómeno dio la impresión que daría un gigante extendiendo una manta oscura para tender su inmensa cama, un gigante invisible, porque en ese sitio no se veía más nada.

Pero no habían pasado más de unos pocos segundos después de la explosión cuando una nave de envidiable envergadura surgió como un bólido de la distorsión, la cruzó cual si esta fuera una luminosa puerta, y se precipitó a una inigualable velocidad a la posición en donde pronto se encontraría rotando un planeta.

El planeta en cuestión era el sexto y último del sistema solar en el que como por pura casualidad había caído el vehículo espacial, y se trataba de un gigante gris y por lo visto de superficie helada.

En cuanto a la nave, se trataba de un vehículo espacial construido a semejanza de un huevo que se hallase comprimido, tanto que eso hacía que se viera casi como si fuera un platillo ovalado.

En todo caso era evidente algo no anda del todo bien, puesto a pesar de mantener su velocidad, la nave no parecía estar en demasiado buenas condiciones; era como si, sólo unos segundos atrás, hubiera estado implicada en una horrible batalla de la que la explosión inicial podría haber sido parte.

Por la superficie del casco blindado de color gris metálico, se escapaban de a poco los gases que la estructura contenía a manera de surtidores de vapor escarlata, lo cual la hacía parecer envuelta en llamas, aun cuando esto sólo era producto de las luces de posición que, a pesar de todo, continuaban parpadeando de modo ininterrumpido.

Y para cuando la luminosa espiral azul por la que había salido se extinguió, y sumió a la nave en la misma negrura que había antes de su llegada, esos flamantes surtidores fueron la única cosa que permitió continuar viendo su imparable recorrido.

El puente de la nave, por su parte, no estaba mucho mejor iluminado en comparación con el exterior; era un recinto rectangular situado en la parte delantera del vehículo, y no sólo estaba casi por completo a oscuras, sino que en su interior podía escucharse un sonido estridente cual una alarma, y su construcción resultaba extraña.

En efecto, en ese sitio no podían verse ninguno de los puestos de mando, ni paneles de control, que eran comunes en otras naves, como si se encontraran ocultos en las paredes o hundidos en el piso, también de un color tan negro que parecía absorber la poca luz blanca que se desprendía de los bordes de la estancia. La única cosa que parecía no estar acorde con la tediosa monotonía era la plataforma cilíndrica que se levantaba levemente en el mismo centro del puente, y fue precisamente de ese lugar de donde comenzó a salir un pedestal de improviso, como si se tratara de la columna de un antiguo templo griego.

El pedestal se desplegó hasta alcanzar la altura de una persona promedio, y después se detuvo, permaneció por unos instantes inmóvil, y en el ínterin pudieron escucharse unas notas cual si salieran del techo metálico.

Pero ni pasó mucho tiempo cuando empezó a dividirse la pulida superficie, dando la impresión de ser un sarcófago, y dejó salir de su interior una especie de ser aun si de apariencia humanoide de extremidades en extremo delgadas.

El individuo daba la impresión de haber sido construido artificialmente, no sólo por el brillante material blanco que lo componía, que por esto contrastaba con su entorno y resaltaba en la oscuridad de la sala como envuelto con un halo de luz divina, sino también por sus formas tan poco comunes, y su cabeza larga y delgada como la de un caballo.

El robot dio unos pasos y levantó la cabeza desplegándola desde su pecho estrecho, con lo cual pudo incrementar su estatura, y luego se movió más por el puente con un leve y casi imperceptible sonido, como si pretendiera desentumecerse. En ese instante pudieron verse en su rostro un par de ojos de color rubí: salientes, redondeados y de cegador brillo. Pero como si ahora de pronto le molestara la estridente sirena todavía sonando en la sala, no demoró en levantar una mano para detenerla como por arte de magia, y su voz más bien electrónica tampoco tardó en manifestarse.

—Enikan, solicito reporte del estado del TFS Predator una vez concluido el cronosalto de escape del enemigo.

El pedido del robot se perdió en el creciente silencio después de reverberar contra las negras paredes, mas por lo menos provocó que casi delante de su cara surgieran varias pantallas holográficas cubiertas con cifras.

La luz de un color azulado de las pantallas coloreo el metal blancuzco hasta hacerlo verse celeste en tanto la criatura cibernética observaba las cifras mostradas en ellas caminando por todo el recinto; y esta sólo se detuvo cuando una voz más melodiosa que la suya, parecida por esto a la de una joven humana, rompió con sus inflexiones el silencio que lo había cubierto.

—Ptolomeo… esta es Enikan reportando… —dijo la voz y se escucharon unas leves modulaciones, como si una persona estuviera llamando a una puerta presionando el botón de uno de esos timbres de varios tonos—. TFS Predator gravemente dañado por misiles protónicos del enemigo… ejecutando la obtención de datos para reporte más exhaustivo de daños —siguió diciendo después la melodiosa voz y hubo silencio por un segundo, hasta que se escucharon otras modulaciones y la voz volvió a oírse tan calmada como en un comienzo—. Los propulsores gravimétricos principales están en sólo un 30% de su potencia de diseño, sistemas de escudos cuánticos de la nave inactivos por déficit grave de energía de fusión de los núcleos, sistemas de gravedad interna decayendo a un 60% de la norma establecida, despresurización completa inminente debida a graves daños en el casco blindado, sistemas de mantención de vida del personal hibrido en estado crítico...

La lista era larga y el ser de metal llamado Ptolomeo permaneció en espera mientras la Computadora Central de la nave de combate de la Federación Terrestre bautizada con el nombre Predator reportaba su desastroso estado.

Pero luego la voz robótica del ser cibernético volvió a manifestarse dentro del puente de mando, extrañamente indiferente si se tenía en cuenta la situación extrema en que estaban en ese instante.

—Enikan… inicia localización de la Novena Flota en una órbita alta de Calipso —dijo Ptolomeo y recorrió con los refulgentes ojos una de las pantallas más cercanas—, y envía códigos de emergencia a su centro de comando para salvamento inmediato de las unidades de combate clase Alpha.

Hacía poco Ptolomeo había ordenado hacer un cronosalto a ese sistema para que su crucero de batalla clase Spartan se encontrara protegido por la presencia en el sector de la Novena Flota de la Federación Terrestre, incluso cuando era probable que se dificultaran las cosas pues los mandos de ésta no deberían de estar enterados de su existencia en extremo secreta.

De todas maneras, no había más remedio, casi todos los Alpha, salvo los que estaban bajo su cuidado, habían perecido en la última gran batalla, y los datos de combate existentes en los cerebros de los híbridos eran vitales para la supervivencia de la Tierra; ellos eran los únicos que habían descendido a Zetes y debido a eso tenía que evacuarlos pasara lo que pasara, era su deber como Sistema Integrado de Control del TFS Predator o la misión de los últimos diez años habría sido en vano.

Todo lo anterior sin decir nada de los especímenes capturados en una de las naves enemigas, que serían de gran valor para conocer más sobre la desafortunada plaga llamada Kraken por los Ur, ahora también amenazando a los humanos.

—TFS Predator iniciando localización de la Novena Flota en la luna del planeta Ross, capital colonial del sistema Alfa Centauri A —enunció Enikan.

En lo que Enikan hablaba podía verse en una pantalla que se había desplegado en la pared delantera del puente, como si saliera de la nada, el grisáceo planeta gigante rotando en su órbita; en un costado de la pantalla decía que ese planeta había sido colonizado por los humanos en el 2256, hacía más de mil años, y pasaban otros textos con datos de modo que parecían los créditos de una película.

Ptolomeo permaneció en silencio, con sus ojos de rubí en la enorme esfera grisácea que rotaba con calma a la vez que era circundada por su único satélite, digno de su propia envergadura.

La luna estaba posada como mariposa en una invisible rama a cientos de miles de kilómetros del planeta, y su superficie, iluminada por Alfa Centauri B, parecía dorada. Por eso era claramente visible por las lentes de las cámaras del crucero; mas la potente mente cuántica de Ptolomeo pensó en que algo parecía ir mal en Ross, que se veía demasiado desierto para ser la capital colonial del sistema Alfa Centauri A.

El robot no tardó en establecer un vínculo directo con los sistemas de visión externa del Spartan, y vio sin que lo vieran sus ojos los valles y montañas nevadas del gigante gris a través de las nubes que, cual pesados galeones, navegaban con calma por su atmósfera. El panorama no resultó de su gusto tampoco, como por otra parte era de esperarse, y desvió los objetivos para revisar la órbita y los cráteres de Calipso, sin encontrar nada de lo que se esperaba encontrar en ellos.

En la inmensa superficie no se podía percibir movimiento de ninguna clase, incluso ni de vehículos comerciales de los que debería estar saturada, por no mencionar a la inmensa Novena Flota de la Federación Terrestre, que de hacer caso a sus registros debería de encontrarse estacionada en ese sitio.

La desolación de la órbita de Ross y de su luna sí pareció lograr poner nervioso a Ptolomeo, y el robot caminó hasta la parte delantera de una de las pantallas flotantes del puente y consultó las imágenes del radar del Predator, buscando la presencia de escombros en la zona.

En un primero momento era casi increíble, mas en lo profundo de su mente una idea iba emergiendo.

¿Sería posible que los Kraken hubieran logrado destruir del todo antes de su llegada no sólo a la Novena Flota, sino también a las ciudades y estaciones en la órbita del planeta capital del sistema?

De ser así, eso significaba que los despiadados enemigos de toda clase de forma de vida ajena a ellos estaban más cerca del planeta Tierra de lo que había deducido, y más cuanto poseían la tecnología del salto como los Ur.

Pero una vez más no encontró nada, como si de pronto la presencia humana en Ross hubiera sido eliminada sin que le dieran ni la menor oportunidad de supervivencia, y eso no era tampoco nada sorprendente tratándose de los Kraken, porque estando tan lejos de su sistema de origen no podían desperdiciar los recursos y recogerían hasta los escombros espaciales, mas no así los restos de las ciudades en la superficie que, como por arte de magia, también se habían esfumado.

El Sistema Integrado de Control del TFS Predator estaba a punto de hacerle notar a Enikan su reciente descubrimiento, luego de llegar a la conclusión de que algo extraño estaba sucediendo, cuando la melodía de la voz de ésta se escuchó nuevamente.

—¡Alerta...! Ha sido detectado un error grave en los cálculos del cronosalto producto de la explosión protónica —dijo la computadora sin mencionar nada de la situación de la Novena Flota, cual si recién lo descubriera, y Ptolomeo levantó la cabeza como un ciervo—. El fechado esperado es incorrecto, repito...

—Enikan, reporta magnitud del error del cronosalto —dijo Ptolomeo interrumpiendo el mensaje y mirando los números que había delante de su rostro, se podría decir que cada vez más impaciente.

Las cifras de la pantalla que miraba se pusieron rojas una detrás de otra y comenzaron con un inquietante parpadeo a la vez que un profundo silencio envolvió de nuevo el puente, como un pesado manto negro, y se mantuvo esta vez varios segundos hasta que las conocidas modulaciones vinieron a romperlo.

—Ptolomeo… la magnitud real del error del cronosalto no ha podido ser calculada… la magnitud estimada es de mil quinientos años hacia el pasado —dijo Enikan.

Ptolomeo guardó silencio por un momento, como si no se hubiera percatado de la voz; en cambio, revisó una vez más lo que contenían las pantallas como si no pudiera creer lo que decía la Computadora Central, lo cual era una de sus obligaciones después de todo, como reemplazo del personal humano del puente de mando.

Pero por lo visto Enikan estaba en lo cierto, y la voz de Ptolomeo volvió a resonar contra las paredes de la sala, una vez más tan calmada como en un comienzo; el reciente descubrimiento de la Computadora Central explicaba la desolación de la zona.

—Enikan, procede con un nuevo salto de corrección utilizando la energía de la reserva disponible… establece destino en el 3520 de nuestra era, código de coordenadas 301, límite Beta… eso nos situará justo delante de la Novena Flota —ordenó.

—Negativo, Ptolomeo… potencia de la reserva insuficiente para cronosalto —reportó por su parte Enikan—. El Predator no está en condiciones para iniciar los generadores de campo.

Ptolomeo volvió hacia Ross su inexpresivo rostro y pensó que si no lograba sacar la nave de esa zona su preciosa carga perecería. El reciente descubrimiento de Enikan, sin duda, significaba que todavía había una leve oportunidad de salvar su tripulación de híbridos antes de que los Kraken se presentaran, y eso le había dado esperanzas. Pero sin la presencia de la Novena Flota de la Federación Terrestre, la nave Kraken que había dañado su crucero daría buena cuenta de ellos en cuanto los localizara, y para eso tendría tiempo de sobra.

El Predator no era un crucero débil, mas no podría defenderse en el estado en el que se encontraba y, de todas maneras, nadie solo podría luchar contra una escuadra de Kraken, ni siquiera una nave gigante de los Ur podría hacerlo y no sabía a ciencia cierta cuántos lo perseguían después de la última batalla. Por un motivo u otro la visita del Predator al planeta Zetes había provocado una reacción desproporcionada de las criaturas de múltiples tentáculos, aun cuando debía reconocer su sospecha sobre lo sucedido en la superficie con los híbridos en un estado tan inestable debido a esas mismas batallas continuadas.

Sin embargo, por más que su cerebro buscaba una salida de la situación desesperada en la que se encontraba, no la había, y si bajaba a Ross igual no podría sacar a las valiosas unidades Alpha de su sueño y los Kraken las matarían dormidas; a pesar de eso estaba consciente de que no tenía muchas más oportunidades, debía de dar la orden, y nada más lo detuvo más tiempo su deseo de resolver el problema del modo más satisfactorio para su propósito.

—Ptolomeo… esperando instrucciones —dijo Enikan como si estuviera impaciente y el Sistema Integrado de Control levantó su cabeza.

—Enikan… inicia procedimiento de desembarco en Ross y mantén la dotación clase Alpha en estado de hibernación o podría descontrolarse —dijo Ptolomeo después de una corta pausa para luego moverse hacia otra pantalla.

—¡Entendido, Ptolomeo! —dijo Enikan.

—Has lo mismo con los Kraken capturados en la nave del enemigo destruida y si es posible inicializa los sistemas de reparación de emergencia del TFS Predator para no perderlos —habló nuevamente Ptolomeo—. Es necesaria la reparación urgente de los sistemas de fusión del crucero, y de los sistemas de sostenimiento de vida, debemos ejecutar cronosalto de corrección cuanto antes sea posible.

—Entendido, Ptolomeo… Predator iniciando las rutinas de desembarco en Ross —dijo Enikan y Ptolomeo pudo percibir con sus sensores como la poderosa nave de combate de la Tierra se impulsaba levemente hacia la órbita del planeta gris, corrigiendo su curso levemente.

El Sistema Integrado de Control permaneció callado una vez más, observando con calma la pantalla grande en donde se mostraba la superficie de Ross. En realidad estaba seguro de que los Kraken los seguirían aun en la superficie del planeta y no escaparían si no llegaba a las coordenadas de la Novena Flota, e incluso así no había garantías. Pero sabía que las reparaciones demorarían y era poco probable que lo lograra si seguía en el cosmos y obligaba a su preciado Predator a mantener altos niveles de gasto de su valiosa energía.

La luminosidad de los ojos de Ptolomeo pareció hacerse más débil cuando pensó en que había estado tan cerca que era imperdonable que se perdieran sin poder hacer nada las últimas unidades Alpha y sus datos, después de una década de su partida desde la Tierra para contener la devastadora y cruel ofensiva Kraken. Los hibridos habían estado en tantos combates y escaramuzas que era una proeza si se tenía en cuenta que la vida de un soldado humano de élite no hubiera durado más que cinco minutos, y eso si tenía suerte, porque los híbridos no eran humanos del todo, mas sí en parte, y por eso heredaron la debilidad característica de esa especie.

El pitido de un indicador se disparó y Ptolomeo movió su cabeza hacia otra pantalla de las muchas que continuaban en la sala cual si fueran nubes rectangulares de colores azulados, esta vez una de las pequeñas.

—Ptolomeo, detectada caída catastrófica de potencia principal causada por la carga del sistema de propulsión —informó Enikan—. TFS Predator en curso de colisión con Ross.

—Enikan, desvía la energía de la sala de contención —ordenó sin pensarlo Ptolomeo, levantando un brazo, aun si eso anulaba en parte sus instrucciones recientes.

—Energía desviada… veinte minutos para la pérdida de las muestras —reportó Enikan con indiferencia.

La cabeza de Ptolomeo se volvió hacia la superficie oscura en que se soportaba. Era consciente de que los Kraken capturados iban a perecer en los contenedores sin que Enikan lo mencionara y eso no le gustaba, los necesitaba casi tanto como a los Alpha para las investigaciones, y esa era una de las misiones de la Flota Élite. Por eso se habían internado tan peligrosamente en la zona de reproducción situada en Zetes, en el mismo corazón del imperio Kraken, un lugar a donde ni los Ur habían llegado, y habían sacrificado a los demás cruceros clase Spartan con tripulación incluida, para garantizar la huída del Predator con la suya intacta. Todavía estaban registrados en su memoria los gritos de combate de los híbridos al lanzarse a la batalla con la visión nublada por la rabia incontenible que solía dominarlos y los descontrolaba, podría decirse echando espuma por sus bocas. Pero no había otra solución, la prioridad era que los híbridos de su nave llegaran a la Tierra y, por otro lado, era probable que de todas formas varios de los especímenes se mantuvieran con vida, eran criaturas resistentes en extremo y se lo habían demostrado en incontables ocasiones.

—Es inevitable… —dijo Ptolomeo como para sí luego de una pausa, y sus ojos se posaron una vez más en la esfera gris que cada vez se hacía más grande pensando en que por lo menos habían escapado, sin saber lo que le deparaba el cruel destino.

Pero no hubo de esperar mucho para enterarse, porque la voz de Enikan volvió a escucharse poco después, y una pantalla holográfica se desplegó casi delante de su larga cara.

—¡Alerta! El Predator está detectando ventana de cronosalto del enemigo, repito…

En la pantalla pudo verse que se desplegaba un portal de salto dimensional no lejos de la posición del Predator y de su luz cegadora salía una de las naves de combate Kraken, una verdadera nodriza, reintegrándose a sólo unos miles de kilómetros detrás del curso del maltrecho crucero de combate de la Tierra.

—¡Kraken! ¡Nos han encontrado demasiado pronto! —dijo Ptolomeo como si estuviera entristecido, mirando la imagen. Y no pareció sorprenderse cuando en un punto más lejano se abrieron otras ventanas de salto dimensional, como si con la primera nodriza, y con los problemas de su crucero, no fuera suficiente su mala fortuna—. Enikan, inicia sistemas ofensivos MAG-10 y has disparos disuasivos hacia esa fortaleza Kraken. Es necesario demostrarles que somos más poderosos de lo que nos vemos para evitar una batalla inmediata —ordenó más tarde a medida se movía—. También vamos a necesitar encontrar un sitio en la superficie de Ross donde Predator pueda ocultarse del enemigo —indicó.

—¡Entendido, Ptolomeo! Los sistemas MAG-10 se están iniciando, y se una sonda de procesamiento geológico será lanzada hacia la órbita con la orden de búsqueda de sitio de ocultamiento.

El sistema MAG-10 de un Spartan era lo suficientemente poderoso como para disuadir a una o dos naves de guerra, y si había suerte podían hacer tiempo y lograr que la nave cercana esperara la llegada de los refuerzos que la seguían antes de iniciar una ofensiva devastadora.

El Predator no demoró en estremecerse cuando los cañones blaster lanzaron su carga mortal hacia la nave Kraken más cercana. El potente disparo, no obstante, no pareció hacer mucho daño al estrellarse con el escudo de la fortaleza enemiga. La nodriza Kraken se había encendido, rodeada por una luminiscencia blanca como la causada por los escudos de micropartículas, y ahora parecía un castillo de obsidiana de altas torres puntiagudas envuelto por la neblina.

—Error grave del sistema MAG-10… Energía insuficiente para la operación correcta de los cañones MBK-2500 y la operación de los propulsores gravimétricos —dijo Enikan revelando la causa de la poca efectividad de su ofensiva y la sirena comenzó a sonar como cuando habían llegado a Alfa Centauri A—. Peligro, TFS Predator en estado vulnerable enfrente de nave de guerra hostil. El enemigo inicia maniobras de combate.

En ese instante un humano se hubiera desanimado por encontrarse en la situación en que se veía Ptolomeo, desprotegido frente a un enemigo que lo superaba con creces y con su crucero de batalla casi inutilizado; mas la Central de Comandos no se podía desanimar, era un ser diseñado para esos casos y su frío cerebro cuántico siguió con la misma estrategia, lo único que en vez de dispararles con los cañones de rango largo utilizaría otra variante, la última carta en su manga podría decirse.

—Enikan, comienza lanzamiento inmediato de los MWCT-G20KM restantes, ordena la destrucción de la nave enemiga e inicia las maniobras de descenso —ordenó el robot a la Computadora Central del Predator y se movió más cerca de la pantalla principal del crucero—. Es necesario ocultarnos en Ross pase lo que pase y ellos nos darán el tiempo.

—¡Entendido, Ptolomeo! Los guardianes clase A, MWCT-G20KM Raider están siendo preparados para la batalla.

En ese mismo instante, unas criaturas mecánicas bípedas de considerable tamaño e impresionante porte se despertaron en uno de los depósitos del Predator.

Los enormes robots tenían los brazos con los bordes exteriores redondeados, cual si fueran semicírculos, y los ojos luminosos y de color violáceo.

Por un momento continuaron colgados en sus soportes metálicos, que como grúas corredizas servían para trasladarlos a las esclusas, mas estos se pusieron pronto en marcha para irlas depositando en la superficie de la vasta sala casi vacía, puesto la falta de energía hacía imposible utilizar los mecanismos de costumbre.

—Enikan, guardián de la clase A MWCT-G20KM Raider en línea y listo para la batalla.

Las voces de los engendros se escucharon una detrás de otra en el puente de mando a medida que sus sistemas operativos concluían la puesta a punto, luego, el silencio lo cubrió todo durante unos segundos. En la negrura que las rodeaba debido a la falta de potencia sus tres ojos violáceos refulgían casi como las lejanas estrellas y eso hacía se vieran más amenazante. Pero la calma que reinaba en la inmensa sala del hangar cayó hecha pedazos cuando la voz electrónica de uno de los guardianes clase A volvió a manifestarse cual respondiendo a una silenciosa demanda.

—Entendido, Enikan… Raider iniciando intercepción de nave enemiga marcada… el enemigo será neutralizado —informó a la vez que daba un pesado paso hacia una de las compuertas de salida al espacio.

Entonces, como si lo hubieran ensayado para ese día, las últimas cuatro criaturas de metal restantes siguieron a la líder con ruido de motores y dando pasos de dinosaurio.

Los poderosos robot esperaron a que se separaran poco a poco, deslizándose, las puertas blindadas que les estaban bloqueando el paso, para después continuar por su camino hasta detenerse de nuevo, esta vez sobre una plataforma de considerables dimensiones, y bordes de una luz parpadeante. Las compuertas se cerraron de nuevo con un zumbido de motores detrás de los cinco guardianes clase A y luego, en pocos segundos, la plataforma se elevó y delante de ellos comenzaron a deslizarse de una manera silenciosa las puertas de grueso blindaje que conducían hacia el cosmos.

En ese momento, cuando las negras fauces del espacio vacío se mostraron delante de los engendros de combate, heladas y cubiertas de estrellitas lejanas y parpadeantes, se lanzaron en ellas uno a uno, y se convirtieron en rápidas naves de guerra, como si de cazas a manera de platillo se tratara.

Las cinco naves pequeñas dieron una vuelta de reconocimiento a su nave nodriza y de su parte delantera pronto emergieron los cortos pero potentes cañones blaster MBK-2100 con los que estaban equipados. Por otro lado, en sus panzas algo abombadas también se pudieron ver desplegarse los lanzamisiles cuando giraron y comenzaron a dirigirse a donde la primera gigantesca nave Kraken se había manifestado.

—Enemigo localizado, Enikan, iniciando la batalla —reportó la voz electrónica del líder de los MWCT-G20KM que comandaba a sus compañeros de escuadra.

El sonido pudo escucharse claramente en el puente de mando del TFS Predator, en donde los ojos de Ptolomeo observaban en la pantalla como los robots volaban hacia su enemigo en formación de combate; eran como una cabeza de flecha por su formación, y de ella no demoró en desprenderse una decena de misiles. El Sistema Integrado de Control estaba consciente de que los guardianes clase A no resistirían durante mucho tiempo a los Destroyers de la nave Kraken, como se les llamaba a los exoesqueletos con los que las feroces criaturas se cubrían; los clase A eran potentes mas también pocos para la desigual batalla a pesar de su tamaño y su devastador poder de fuego. Pero no disponía de nada más en ese mismo instante, y necesitaba entretener a los enemigos hasta que su nave se ocultara; en eso consistía la misión de los Raider, en hacer tiempo, y esperaba que sus escudos cuánticos les duraran lo suficiente como para poder lograrlo.

—Descansen en paz, hermanos, su sacrificio no será vano si los Alpha se salvan.

La voz de Ptolomeo sonó como un susurro cuando vio a sus guerreros eludiendo la ola de disparos que los Kraken dirigían hacia ellos, a la vez que los rayos de un verde-azulado de sus blaster derribaban a las miriadas de Destroyers que iban saliendo cual siniestros puntos de luz de la nodriza enemiga con la intención de darles caza.​
 

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