El carnicero de Resherier

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Mancoman de Orgrimar, El Embajador de la Horda
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Este es un relato de género ¨tragedia¨ donde se cuenta la historia de un romance en plano de ¨lo que pudo haber sido¨, bueno lo escribí hace muchos años, no está completa, aquí está el prologo junto con 2 de los primeros capítulos, espero que alguien lo lea y me diga que tal:

En la gran ciudad de Reshelier donde los habitantes del reino caminaban por sus calles llenas de vida, mercaderes gritando sus productos, otros caminando apurados a sus trabajos y otros mendigando por un chrerín, todo un espectáculo visual para los ingenuos que venían hacer turismo. No hay mucho que contar en esta ciudad, es una como cualquier otra del reino.

Dentro de todo este mar de sacos de carne con sentimientos , hay uno que resalta más que la mayoría, un hombre llamado Robert, un pobre hombre de aspecto delgado, no mayor de 30 años ya con pronunciadas entradas en su cabellera de color café oscuro, es el dueño de una carnicería que hace esquina en la plaza central, siempre vistiendo ropas anchas a pesar de ser un esqueleto, lo interesante de él es que a diferencia de los demás de su profesión, los campesinos le traen los animales vivos y él se encarga de , bueno, terminar el trabajo del matadero en su parte trasera de la tienda, ya que es más barato descuartizar el animal, que comprar las piezas por separado para luego revender a un precio un poco mayor de la compra, debido a que tiene un gran espacio en el almacén trasero de su tienda y la entrada a este es accesible por el callejón, tiene toda las comodidades para hacer su trabajo sucio. Un hombre sin escrúpulos, frio y calculador, destripa a los animales atrás para luego venderlos en su tienda delantera. Pero hay más, suenan las campanas de la iglesia, la gente se amontona en la plaza debido a que hoy ejecutan a otra pobre alma en esta bella ciudad, se prepara para su otro trabajo el bueno de Robert, cuelga el cartel de cerrado, se quita su delantal blanco de carnicero para ponerse otro de color negro, tenía de segundo trabajo, ser el verdugo de la ciudad.

No solo se limitaba a matar animales sino también a personas y todo es bien visto ante los ojos de la ley, un ser despreciable sin sentimientos pensarían algunos, lleno de odio a cualquier ser vivo de seguro, pero no era el caso de Robert, él era especial en dependencia de como lo mires.

Caminando a la plaza viendo la multitud gritando cosas que no se entendían, pero con una leve mirada a cualquiera de las caras solo se podía ver odio, tirando frutas podridas, tomates viejos y huevos a la joven victima del verdugo, Robert ya se puso su capucha y se armó con su hacha,

Mientras sube las escaleras de madera para decapitar al criminal, se para a ver la cara de quien va a ponerle fin a su corta vida, un pobre joven que todavía no a pasado lo que es ser un adulto en todo su esplendor, al pararse a su lado el joven pide clemencia mientras un soldado lee sus crímenes, daba igual lo que haya hecho, está aquí y eso es todo, tras decir lo que hizo dan la orden, Rober t levanta su hacha oxidada del desgaste del tiempo, con manchas de sangre vieja secas y deja caer todo el peso en el cuello del muchacho.

La multitud enloquece como si se tratara de año nuevo, gritando de felicidad como si hubieran matado a una rata que acababa de entrar a una de sus casas limpias y lujosas, pero él no pensaba en eso, o no, Robert no sentía nada, en su cabeza era todo distinto, antes de subir veía al muchacho solo para saber si al cortarle la cabeza, rodaría directamente al cesto que estaba debajo de él o saldría volando hasta el suelo donde estaba el público, si cae al cesto cenaría rostizado de pollo, sino sería caldo de pescado. Apostaba contra si mismo, no le importaba la gente, los animales o incluso a él mismo, era un ser vacío de emociones, nunca a llorado ni una vez en su vida, ni cuando era niño o cuando vio a su padre en su lecho de muerte, bueno, el pobre hombre murió al verle la cara tras gritarle que era un ser despreciable y que ojala nunca hubiera tenido un hijo, seguido de retorcijones y un infarto claro está.

Robert volvía a su tienda ya que era temprano, los linchamientos siempre eran de madrugada, volvía a su pequeño rincón de seguridad donde se pasaba el día vendiendo partes de seres vivos, para luego limpiar la tienda, terminar de abrir a los animales, cerrar todo y subir las escaleras hacia su cuarto ya que vivía en su misma tienda arriba. Así eran todos los días de este pobre hombre, vacío, solo y sin nadie a quien considerar familia o amigos.

Algunos días eran distintos, el ayuntamiento lo llamaba para hacer autopsias para saber si un noble fue envenenado o no, si ha habido un asesinato o si fue causas naturales, todo esto debido a que el doctor de turno es un viejales que un topo tiene mejor visión, es preferible un trabajador sencillo y él era un maestro del cuchillo, eso y que es mejor contratar al carnicero que un doctor especialista en el tema debido a los costes.

Esos son los momentos que rompían su rutina, todos los días eran iguales, uno tras otro, tras otro… Pero un día todo cambio para Robert, llegó ella a su vida, lo recuerdo bien, porque estuve ahí.

La mujer de Negro

Se levantaba el sol como toda las mañanas, era primavera y el amor estaba en el aire junto con aroma de sangre vieja e hígado de hace 3 días seguido de un toque de flores recién cortadas para el mal olor de la tienda, no es fácil mantener la imagen y el glamour cuando estás rodeado de carne, Robert tras limpiar el almacén y terminando de preparar los productos abrió la tienda como todo los días, detrás del mostrador pensando en que va a almorzar y si todavía le queda pan del otro día mientras se seca la sangre tras haber limpiado un cerdo. Se abre la puerta, entra una mujer vestida de pies a cabeza de color negro como si acabara de venir de un velorio y con una piel blanca pálida, se le acerca y le dice buenos días.

El pobre hombre la ve y no piensa en nada, otra clienta dice para el mismo, sin fijarse en su atractivo o en su ropa para darle el pésame. Solo le devolvió los buenos días, seguido de un, ¿qué usted desea? Pobre criatura.

La mujer sin dilación le pidió algo un poco ortodoxo, algo que una persona normal no pediría, algo que levantaría las sospechas de cualquiera que lo escuchara, por suerte la tienda estaba vacía. Un hígado de cerdo, dijo la mujer, él por otro lado solo encogió de hombros ya que nadie compra viseras o cualquier órgano de animal salvo que sea para encartamientos oscuros o cosas de brujería, pero el pobre hombre solo dijo, un momento, con una voz más palurda que un tartamudo, entro a la parte de atrás, cogió el hígado del cerdo que abrió en la madrugada, envolvió en un pedazo de saco viejo como si de un pañuelo se tratara, fue de nuevo a la entrada y le dijo, aquí tiene. ¿Cuánto es? Dijo la mujer, una cosa que no se vende y que si se entera cualquier persona que esté en sus cávales la acusaría de brujería y la quemarían viva, a los pocos segundos Robert dijo, dos chelines, con una voz despreocupada. Saco su monedero, estiró una mano con dos monedas mientras que con la otra recogió el trozo de saco con el hígado dentro, dio las gracias y se marchó.

Menudo verdugo está hecho, más despistado que una mosca revoloteando por una sala con la ventana abierta y aun así no sabe cómo salir. Solo pensaba en el pedido que lo sacó de su rutina, el día transcurrió tranquilo sin más, llegó la tarde, vino el granjero con una vaca vieja y un toro enfermo, tras darle el dinero que a pesar de ser animales que nadie quería siguen siendo carne, las compro y se dispuso a terminar su sufrimiento en este mundo, seguido de una cena para luego dormir. Otro día perdido, sin ningún giro en los acontecimientos, sin nada que comentar, una casa vacía con un hombre aún más vacío, pero me interesaba ese ser, era como yo, sin nada que aspirar, sin nada que te haga sentir vivo, se limitaba a existir.

Al otro día empieza la misma rutina, desayuno, limpieza, lavado de sangre y flores frescas de la florista que vende en la esquina de la plaza a la cual no sabe ni como se llama. Pero entra alguien a la tienda, la misma mujer de ayer, vestida igual, dos días seguidos vestido de luto, debe ser una viuda llorando su marido pensaría alguien normal, pero Robert solo se limitaba a pensar que mañana tiene que trabajar de verdugo y no a afilado el hacha del ayuntamiento, interrumpe sus pensamientos al decirle los buenos días la mujer él, buenos días le contestó, ¿qué usted desea? Mismo dialogo, parecía un muñeco sin pensamientos propios, una cascara vacía.

¿Me puede usted dar, una lengua de toro seca, corazón de vaca fresca y tripas de cerdo?

Es una bruja lo tiene pintado en su blanca frente, en su sombrero negro y su vestido de difunta. ¡Por todo lo sagrado Robert, grita a los cuatro vientos que es una maldita hechicera, trabajas de verdugo y para el ayuntamiento, haz tu deber como ciudadano y denuncia este mal que osa caminar en las calles de la hermosa ciudad de Resherier!!

En seguida, denme un momento, dice y se va para la aparte de atrás… un niño de 3 años tiene más razonamiento que este hombre, en el almacén tiene la mercancía delante, nada más tiene que cogerlos. La lengua nadie la usa y no la tiro al pasillo para los gatos así que le puede sacar provecho, igual que el corazón de vaca, ambos están tibios. La tripa de cerdo es más complicada porque, ¿para qué iba el limpiar unas tripas si es basura? Como las tenía del cerdo del otro día, cogió y la enganchó en la pila del vertedero, empezó a darle a la palanca y el agua circulaba por la tripa como si fuera una manguera natural.

Ya está limpia, dijo mientras envolvía los productos en trozos de saco como si fueran paños, otras ves. Al salir al mostrador la mujer ya tenía el monedero fuera, ¿cuánto es? Dijo la mujer con voz dulce, por todo son 10 chelines, dijo el con voz despreocupada. Le dio el dinero seguido de las gracias y se marchó. Ni se dignó a preguntar para que quería esos órganos, pero no importaba, los ojos de Robert se veían distintos, como si estuviera viendo un sentimiento, ¿el pobre hombre sentía curiosidad? O tal vez, ¿amor?

Sonaba las campanas, hoy tocaba su otro trabajo, se dispuso a cerrar la tienda, cambiar de delantal, coger sus utensilios en el ayuntamiento para ir directo a la plaza y de nuevo a la jornada, la gente gritaba, la pobre muchacha que era la victima del odio lloraba y balbuceaba, el soldado seguía leyendo el panfleto del resultado del juicio, pero Robert solo pensaba en aquella extraña mujer, preguntándose si vendría mañana y que nueva cosa pediría. Tras volver en sí, rebano la cabeza de la chica que cayó en el cesto, hoy toca rostizado de pollo, fue un buen día dijo para él a pesar de lo que acababa de hacer. Sin remordimientos, como me gusta.

Llegaba un nuevo amanecer, su rutina era siempre igual, pero hoy era diferente, tenía ¨expectativas¨, tras limpiar todo para empezar el día llega ella, le pide pulmones de cerdo, cerebro de carnero y ojos de oveja. Así era la nueva rutina, cada día que llegaba ella su cara empezaba a cambiar, mostraba algo extraño, como si intentara expresar, ¿alegría?

Así fue toda la semana, todo el mes, ella llegaba, pedía cosas aún más raras que el día anterior, él se inventaba el precio, pagaba y luego se iba, siempre vestida igual, pero sus conversaciones cambiaban.

¿A veces él preguntaba cómo se sentía, que tal la mañana, no se mojó por la lluvia de ayer?, cosas que uno le dice a un conocido, pero para él es la primera vez que interactuaba con alguien y mostraba interés en saber su respuesta. Pero nunca preguntó para qué usaba las cosas que compraba.

Han pasado 3 días y la mujer no ha vuelto, ¿le habrá pasado algo? Decía el bueno de Robert, interesante, por una vez en su vida muestra preocupación. Mañana toca una ejecución y hay que estar listo, para empezar, lavar el delantal que está todo manchado y afilar el hacha en el ayuntamiento. Pero mientras hacía todo eso su preocupación se notaba.

Llegó el nuevo día, hoy era un día especial, pero Robert no lo sabía, este era un día importante para él y para mí.

El principio del fin

Mientras se preparaba tras limpiar la tienda y dejar todo listo para cuando volviera de su segundo trabajo, su mente estaba distraída en la mujer de la cual nunca preguntó su nombre, donde vivía o que rayos hacía. Iba caminando a la plaza tras recoger sus utensilios, ¿la victima de hoy? Otra de las apuestas de Robert, estaba entre un pobre hombre que tuvo el infortunio de rozar con el codo a un noble o alguien que no pudo pagar el diezmo a la iglesia, la brujería y los robos estaban a la orden del día, pero es mejor apostar a por la tirada más difícil. Al llegar a la plaza e intentar llegar a las escaleras de madera para subir y hacer su trabajo miró que la víctima, era una mujer con ropa andrajosa y la cara tapada con un saco, al subir escucha que el veredicto es brujería, punto para Robert, mientras se intentaba distraer en sus pensamientos con sus apuestas para no pensar en la mujer, tuvo la osadía de mirar otra vez a la víctima, veía que sus manos y pies eran pálidos, como la mujer decía, tras terminar de leer el veredicto el soldado, dio la señal, Robert levanta su hacha aunque sigue pensando en la apuesta y en la mujer, deja caer su arma, un corte limpio en la nuca. La cabeza rueda al público, sopa dice él, aunque gané en la primera así que toca pollo entero. Tras el grito de alegría de la multitud, un hombre coge la cabeza y le quita el saco, Robert ve una cara familiar, la mujer a cuál puso fin a su vida era la misma de la tienda, no muestra ningún sentimiento, pero se gira al soldado mientras se quita la capucha, ¿oiga que se le acusaba a la señora? Dijo con voz melancólica, De brujería idiota, su casa estaba plagada de viseras de animales, ¿de dónde pudo haber sacado todo eso? De los herejes de la ciudad.

Pero, yo fui quien le dio toda esa cosa dijo el bueno de Robert, seguido de lágrimas que caían de sus ojos a pesar de no mostrar ningún sentimiento en su cara. Traidor, hereje, serás condenado ahora mismo, gritó el soldado, pero él seguía soltando lagrimas mientras miraba la cabeza de la mujer que la estaban lanzando entre la multitud como si de una pelota se tratara, pero luego de repente, sintió un dolor en el cuello, cayendo al piso de madera, viendo como su mirada se intercalaba entre el cielo, la multitud y el suelo de madera para luego caer en el frío y duro concreto de la calle de la plaza, ¿por qué estoy viendo un zapato?, dijo Robert

Pobre hombre, lo acaban de ejecutar de la misma forma que él ejecutaba a los demás criminales, es verdad que la cabeza se mantiene consiente tras haber sido decapitada. Este es el fin del bueno de Robert que nunca conoció lo que es tener sentimientos. Bueno, no todo está perdido, al final de todo, me caía bien, es hora de que le haga una visita y me presente, en cuanto terminen te moverlo de la plaza claro, sería descortés despertarlo en medio de esa multitud, mejor esperar a la noche.

Tras removerlo de la plaza central, lo montaron en un carro para visitar el hospital, cargaron con más cadáveres y siguieron a las afueras de la ciudad, no está nada mal, está viajando acompañado y gratis, mientras el cochero caminaba y yo seguía de cerca podía ver como atravesaba la gran muralla de piedra que rodeaba la bella ciudad de Resherier. Con su arquitectura exquisita, digna de elogios si sabes dónde mirar claro está. El carro siguió por todo el día y la tarde hasta llegar a lo que viene siendo una fosa común. Volcó el interior del carro el buen hombre y luego se marchó sin ver como se acomodaban los clientes en su nuevo hogar, da igual.

Bueno ya es de noche y por fin solo, déjame acomodarle la cabeza y ahí está, como nueva, venga Robert despierta, sé que me puedes oír.

-Don… ¿dónde estoy?, dijo con voz temblorosa

-Estas en una fosa común, no tienes familiares o amigos que te puedan enterrar debidamente, menuda vida has tenido hombre, dijo una voz fría y siniestra.

- ¿Qué? No entiendo nada…

-Mira a tu alrededor Robert, es el fin de tus días, pero el comienzo de otros, como una nueva persona, una toda llena de vida y esperanza, es lo que iría a otra persona en tu posición, ojalá ese fuera caso.

Miró al su alrededor y estaba seguro, era una fosa común, un hueco lleno de cadáveres de personas y huesos, alguno en estado de descomposición más avanzados que otros, miró al cielo y era de noche.

- ¿Admirando el paisaje?, lo sé, no sales mucho, no desde que te patearon fuera de tu casa y compraste esa carnicería a los 18.

- ¿Qué está pasando?, ¿dónde estás tú?, ¿qué es todo esto?

-O vaya donde están mis modales, se deja ver, es un ser que lleva una toga negra como la noche, toda desgarrada, no se deja ver su cara, solo sus brazos huesudos como si fuera un señor de 200 años y lo más importante, no tiene pies, está levitando.

-Tras unos gritos de horror mirando a los lados, se calla.

-Ya era hora Robert, dime, ¿cómo te sientes?

- ¿Estoy, vivo?, dijo con voz temblorosa

-Bueno, ¿qué es estar vivo realmente? Pero igual me temo que no, tus días llegaron a su fin mi querido amigo.

Tras tocarse eh inspeccionar su cabeza está en su sitio, nota como sus manos están pálidas, no siente la briza ni los olores de los cuerpos al su alrededor, no siente nada, fuera de eso, todo en orden.

-Dígame, ¿quién o qué eres y qué me ha pasado?

La extraña criatura hace un gesto como si se sentara en una silla a pesar de estar flotando, hace un gesto como si cruzara las piernas debajo de su toga y luego se cruza de brazos.

-Verás, esto es muy simple, estás muerto, pero descuida, te pegué la cabeza, aunque no es mi mejor trabajo y estás todavía en este mundo porque no eh reclamado tu alma, básicamente estás atrapado en ese montón de carne a punto de ser comida de gusanos. En cuanto a lo que soy es difícil de describir, digamos que soy algo así como la Parca, mi trabajo es velar por las almas de los muertos y en dependencia de un juicio que supera mi jurisdicción, enviarte al piso de arriba o al sótano.

-Entonces, eh muerto hoy, dice con voz seca, sin emociones o remordimientos.

-Anímate hombre, no todo está perdido, tuviste una vida simple y agradable, es verdad que matabas personas, pero no sentías odio o remordimiento, era un trabajo como cualquier otro, fuera de eso está lo de maltrato animal, aunque les dabas una muerte gentil a esas pobres criaturas. Decía la criatura mientras le tocaba el hombro con su mano huesuda con una piel llena de venas y arrugas.

- ¿por qué me has despertado? Y más aún, ¿Dónde está la mujer a la cual puse fin?, dijo rápido sin tartamudear o trabarse la lengua, preguntas llenas de seguridad e incluso, intensidad.

Suspiro la criatura y vuelve a sentarse en el aire

-Veras, eres como yo Robert, una criatura que solo está aquí en este mundo para cumplir con su deber social, sin sentimientos o emociones, vacía y esclava de la monotonía. Dentro de todo eso me surgió la curiosidad, ¿cómo una criatura tan insípida como tú empezó a mostrar emociones? ¿Fue por ella? ¿Fue romper la monotonía?

Se levanta y lo agarra con sus damos en los hombros, ¡Quiero saberlo Robert, quiero saber cómo empezaste a sentir cosas en tu interior!, lo decía mientras lo sacudía, a pesar de tenerlo cerca no podía verle la cara, lo siguió sacudiendo hasta que se le cayó la cabeza al hombre. A pesar de estar decapitado, que su cara esté en el suelo donde están otros cadáveres y está viendo la cara de un hombre barbudo que tiene la mitad de la cara llena de gusanos y la otra con moscas, no dice ni una palabra o muestra signos de terror. Tras la criatura ponerle de nuevo la cabeza en su cuerpo, le pide disculpas y le sacude algunos gusanos de su cara.

-Entiendo, supongo que no sé qué decirte salvo que cualquier signo de esperanza para sentir algo terminó cuando cumplí con mi deber, lo dice con voz con un leve sentimiento de amargura.

-Increíble, dice la criatura alzando las manos, no te emociona ser un cadáver andante, que se te caiga la cabeza en este terreno, pero sí muestras emociones al hablar de aquella mujer, quiero eso Robert, yo quiero sentir como tú, dime cuando empezaste a sentir cosas y puede que hable bien de ti a los de arriba.

-Primero contéstame a la pregunta, ¿qué pasó con la mujer?, de nuevo con el tono agudo intentando ser intimidante a pesar de su baja estatura.

Tras una carcajada fría que helaría el corazón de cualquier ser vivo que la escuchara, la criatura contestó a su pregunta.

Mira Robert, esto es sencillo te dije, soy como un espíritu guía, llevo a los espíritus al más allá como ustedes le dicen, no puedo interactuar con los seres vivos, pero puedo leer las mentes si los toco. Tras el primer día que la mujer entró a la tienda no le presté atención, pero ya al segundo día la seguí, vi donde vive y qué es lo que hacía con las vísceras.

- ¿Era una bruja?, entonces no eh ejecutado a una inocente persona, dijo el buen señor con voz de alivio.

-Todos somos culpables de algo Robert, pero ella no era culpable de brujería, al contrario, era una cocinera.

-Una, ¿cocinera?, dice el hombre con voz tímida

-Una visionaria, se gira bruscamente la criatura estando de frente al hombre, una cocinera increíble, sopa de ojos de carnero, bistec de lengua de vaca, sesos a la salsa, y ni hablar del mangar con el hígado de cerdo, todo un deleite a la vista. Todo esto para incrementar los platos de su restaurante clandestino para los pobres, era la cocinera en la iglesia y hacia estos platos ya que era fácil de adquirir los ingredientes. Se ponía a un costado de esta a alimentar a los mendigos de la zona, era una santa que ayudaba a los demás, pero tuvo la mala suerte de gustarle a un noble de la corte que pasó hacer visita a la iglesia y la vio. Intentó cortejarla, pero ella se negó a sus intenciones, bueno luego volví a la tienda donde estabas tú, pero no hay que ser adivino que seguro que fue él quien la incriminó o sea su casa era una clara evidencia de que podría ser una bruja, o podría ser el cura ya que se quejaba que llenaba la casa del Sagrado Señor con esas almas oscuras que optaron por el camino oscuro, como si ser pobre fuera una decisión propia, se reía extrañamente mientras decía esas últimas palabras.

-Entonces, ¿fue acusada injustamente y el veredicto era falso? ¿Eh matado a esa pobre mujer en falsos argumentos solo porque molestó a personas importantes?

-Eres bastante lento para algunas cosas Robert, ¿no te das cuenta que estás muerto, hablando con un ser espectral que controla las almas de los difuntos sin mencionar que estás metido en una fosa común lleno de cadáveres?

-Tienes razón, siempre fui una persona sin sentir emoción alguna, supe que era diferente a los demás así que decidí ser lo más útil a los demás, por eso elegí los trabajos más sucios como verdugo, hacer autopsias y una carnicería donde haría de matadero para tratar a los animales de la forma más humana posible para que no sufran, ya que eso afecta a la textura y sabor a la carne si sufre algún estrés antes de morir. Habla con total calma mirando al cielo nocturno mientras que sus ojos casi pálidos se pierden mirando a las estrellas.

La criatura sorprendida ve como a pesar de que no puede sentir nada podía pensar en los demás, en los animales, intentaba ser lo más exacto en su trabajo, en su rutina, todo para no ser una carga social e incluso ayudar.

-Todo este tiempo eh estado erróneo dice la criatura, eres una persona especial, con razón siempre me llamaste la atención, pero antes de hacer nada, sal de esta fosa.

Sin demorarse mucho, el cuerpo todavía rígido ya que a pasado casi todo el día de fallecido, empezó a caminar sobre los demás cadáveres hasta llegar a la pared para empezar a escalar, la criatura lo seguía de cerca flotando como un fantasma, se dispuso a comentar par de cosas mientras veía al cuerpo sin vida subir por la empinada.

-Criaturas como nosotros tenemos muchos nombres, parcas, ángeles de la muerte, segadores de almas, menudo rollo, siempre quise tener un nombre humano, algo que me identificara como individuo, que me separara de mis compañeros, un nombre común que llené de seguridad a la persona que lo escucha.

- ¿Cómo quieres que te llame? Dijo el humano cuando casi está llegando a la cima.

- Kevin, siempre me gustó ese nombre, dijo la criatura con una voz más humana, como si de un señor mayor de 50 se tratara.

Al salir de aquel hueco de la muerte, miró a su alrededor, estaba en una planicie rodeado de césped, se notaba un bosque a lo lejos y lo que viene siendo una especie de camino ya que la hierba estaba aplastada por las ruedas de las carretas de los carros que transportaba los cadáveres.

- ¿Hermoso no crees? Dijo Kevin el segador

- ¿Qué cosa? Respondió el cadáver maltrecho de inmediato mientras seguía observando a su alrededor.

- El cielo nocturno, por supuesto, hace tiempo nosotros mirábamos a los humanos desde allí arriba, interactuábamos en sus pensamientos para que eligieran la mejor opción como si de su conciencia se tratara, guiábamos a los espíritus de los difuntos al más allá. Eran buenos tiempos.

- Entonces, ¿Qué sucedió? Y más aún importante ¿Por qué sigo vivo?

- Eres la primera criatura con quien hablo tras más de 3 siglos aquí en este mundo humano, lo que pasó fue simple, un simple cambio de dirección, los dioses se rigen por sus fanáticos y su fe, la iglesia eligió a sus santos, nosotros no hacíamos falta ya que ellos según las reglas de su doctrina elegirían quien eran los más aptos para ir a su nuevo paraíso y los otros que serían los herejes, personas inocentes que no caían en su perfil de nueva religión iban al piso de abajo, qué sentido tiene nosotros si ya todo está dirigido por los supervisores, nos enviaron a la tierra para ver que toda alma esté debidamente ejecutada y procesada, blasfemia, éramos todos iguales allá arriba, cada cual cumplía un cometido pero la diferencia es que los dioses pueden sentir emociones como las humanas, no hay que ser listo para saber que el fanatismo hacia un sentimiento da más poder a un dios que a otro. En cuanto a por qué sigues vivo es por capricho, quería ver como alguien sin sentimientos pudo llegar sentir algo, aunque sea en el último segundo de su muerte, sería curiosidad si sintiera algo, pero solo me guio por la lógica ahora mismo, necesito estudiarte más de cerca y vales más vivo que muerto.

- ¿Oh sea que soy un cadáver en descomposición hasta que tú lo decidas? No me parece muy justo eso Kevin.

- ¿Cuando la vida fue justa Robert? De paso puedes hacer en tu nueva forma algo que una persona normal haría.

- ¿Gritar como un psicópata por todo el campo en busca de ayuda? No estoy en la mejor de las condiciones para el contacto humano que digamos.

- ¿Sarcasmo Robert? No me lo extrañaría ya que es tu forma de procesar lo que está ocurriendo, pero ver tu falta de miedo o terror me reconforta de que tu mente y personalidad no están afectados. Digo hacer lo que una persona normal hace, buscar venganza, una mujer fue ejecutada por tu mano injustamente por el capricho de otro, podría siendo ese noble de la iglesia, el cura u otra persona que le podría haber tenido recelo.
 

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El Bosque

Mientras caminaba dando tumbos bajo la luz de la luna siguiendo el rastro de las carretas en el césped, Kevin empezó a dialogar para hacer el viaje más ameno.
-¿Sabes lo primero que hace una persona tras morirse Robert? Dijo con voz burlona
-Lo sé perfectamente ya que trabajé con los difuntos en las autopsias, defecarse debido a que los órganos internos pierden su rigidez y lo hacen más rápido si el difunto acababa de comer. ¿Por qué preguntas eso? Dijo sin mostrar ninguna muestra de curiosidad o repulsión tanto en su voz como en su cara.
-Lo digo porque vas soltando abono natural para las plantas del camino por el final de tu pantalón de la pierna derecha. Dijo la parca señalando el tobillo y siguiendo con su cabeza el rastro dejado por el cadáver.
-Supongo que me debo acostumbrar a este tipo de situaciones, sé que no estoy en condiciones de hablar con nadie aparte del olor que debo desprender, es un milagro que no haya aparecido un animal carroñero. Dijo sin mostrar señales de asco mientras se sacudía el pantalón para soltar los restos que le quedaban.
-Mi presencia los asusta, a diferencia de los humanos, los animales son susceptibles a la presencia de espíritus y espectros, así que por esa parte puedes estar seguro que ningún cuervo te arrancará el ojo o un coyote morderá tu pierna, aunque dudo que un animal tenga estómago para acercarte.
A pesar del dialogo y las respuestas de Kevin, Robert no mostraba síntomas de ira o incomodidad, al contrario, no mostraba nada y tenía la mente más calmada al saber que no debería preocuparse por la fauna salvaje.
-Me dijiste que podías leer la mente de los vivos, ahora que estoy muerto, ¿puedes leerme la mente?
-Obvio que no Robert, no hagas preguntas tontas como esas que hacen que pierda el interés en ti y te deje para que seas alimento de los búhos nocturnos.
Al seguir el sendero se unía con un camino de tierra que se adentraba en el bosque, podía apreciar que a pesar de que los grandes árboles que tapaban la luz de la luna su visión apenas cambiaba, víar el camino como si fuera de día, apenas podía distinguir su sombra del piso.
-Siento la presencia de un grupo de personas más adelante Robert, estate atento por si tienes que interactuar con ellos, nadie está en el bosque a estas horas teniendo un pueblo delante donde poder descansar.
-Sé que son bandidos y cuando me dices interactuar no es precisamente ser amigable con ellos, ya te dije que no pienso matar a nadie por un capricho tuyo, tengo fundamentos.
-Seguro Robert, rodeemos el bosque y perdamos aún más tiempo, la noche es joven y solo te quedan dos días más hasta la próxima y última puesta de sol que te queda en este hermoso mundo habitado por fascinantes criaturas.
Tras esas palabras de la Parca, Robert se detuvo unos momentos, tras meditarlo siguió por el camino.
-Ese es mi chico, veamos que puedes hacer en tu nueva condición física sobrehumana.
-No pienso pelear, nunca eh pelado en mi vida o alzado la voz, seguro que se asustarán al verme y correrán, sino diré que vengo de la ultratumba y me llevaré sus almas, sumado con mi aspecto será otra forma de que huyan.
-Un plan sólido, nada puede salir mal ¿eh? Dice Kevin mientras mueve la cabeza de lado a lado en señal de desaprobación.
Mientras caminaba por el bosque se escuchaba en la lejanía risas, al agacharse un poco siguió por el camino hasta por fin ver a las personas. Veía a dos personas con traje de militar en el piso con marcas de cuchillos en la espalda, seguido de un carruaje en medio del camino con un árbol talado que le obstruía el paso. Podía apreciar a 4 hombres riendo y cantando a la luz de una fogata en medio del camino celebrando su botín, 3 de ellos con ropas de campesinos y uno con toga de monje, todas las prendas eran andrajosas de años de uso.
-Son cinco, dijo Kevin mientras se acercaba a los malhechores.
Podía ir y estar cerca de ellos para inspeccionar ya que nadie puede verlo. ¡Robert tienes que ver esto! Gritaba mientras sacudía sus manos al lado del carruaje, Robert por su parte estaba detrás de un árbol del camino a una distancia prudente para poder ver bien la situación y pensar cual sería la mejor estrategia mientras buscaba al quinto miembro que mencionó Kevin.
De repente entre la maleza aparece el quinto miembro, parece que fue a algún matorral debido a que la madre naturaleza llamaba. Pero este estaba cerca de donde estaba Robert observando, el hombre sintió que le observaban y al mirar para los lados pudo ver al zombie.
-¡Muchachos aquí, hay un sobreviviente! Gritaba el buen hombre mientras seguía intentando amarrarse la soga que hacía de cinto para su pantalón lleno de parches.
Los hombres se armaron de cuchillas y palos y fueron a donde estaba el hombre llamando. Sin muchas opciones Robert sale a la luz y se para en medio del camino, pero debido a la oscuridad del bosque, los hombres solo veían a un hombre bajito de metro sesenta con ropa sucia manchada de sangre vieja parado a mitad del camino. Uno de ellos, el más joven arremetió contra Robert portando una pequeña espada toda oxidada intentando hacer un corte vertical. Robert lo paró en seco al sujetarle la mano por debajo de la muñeca, al hacer esto el hombre grita frenéticamente. Robert pensó que lo hizo al verle la cara ya que estaba en estado de descomposición así que lo soltó, pero al hacerlo vio que los gritos no eran de susto sino de dolor, el pobre hombre tenía la mano colgando debido a que con la fuerza del agarre le partió la mano, mientras el pobre hombre le salía lagrimas gordas gritaba a sus compañeros pero no se le entendía las palabras que decía debido al dolor. Otro bandido arremete de nuevo contra él, pero Robert e ya está preparado debido a que sabe que por su fuerza y su limitación de no sentir tacto puede romperle algún hueso. Aprovechando que el atacante es más grande que él, se agacha para intentar agarrarlo por la ropa, lo levanta en peso sin ningún esfuerzo y lo lanza contra un árbol incapacitándolo. Una buena idea pensó Robert ya que con esta técnica de agarrar y lanzar puede hacerles frente a los bandidos sin necesidad de matarlos o romperles más huesos.
-¡No siento las piernas, no siento las puñeteras piernas! Gritaba el hombre que acababa de lanzar, parece que chocó la columna contra el árbol con tal fuerza que lo dejó inválido de por vida. No es un buen plan lanzar a las personas contra objetos pensó Robert.
El Hombre que estaba más atrás cogió un pedazo de madera de la hoguera y lo lanzó hacia Robert para poder apreciarlo mejor. Fue en ese instante que los hombres pudieron ver bien a quién o qué se enfrentaban.
Tras algunos gritos de terror y mirarse los unos a los otros intentando buscar comprensión entre ellos y cómo actuar antes el ser que tenían delante, Robert empezó a caminar hacia el que tenía traje de monje, una persona de iglesia por muy bajo que caiga sigue siendo un creyente, estiró sus manos para tranquilizar al buen hombre mientras le decía que no quería hacer daño alguno a él o a sus otros compañeros. El hombre le respondió gritando como un lunático que se alejara de él y usó el tronco que sostenía como garrote para golpearle la cabeza, algo que dio como resultado que se le cayera, otra vez.
El cuerpo decapitado seguía moviéndose y como respuesta a ello, el monje, los otros 2 que estaban ilesos más el de la mano partida huyeron hacia el bosque profundo dejando solo al que estaba inválido.
-Menuda fiesta, contorsionismo, acrobacia y decapitación. Decía Kevin mientras recogía la cabeza de Robert y la intentaba pegar a su cuerpo otra vez.
-Digas lo que digas al final no maté a nadie así que creo que es un punto a mi favor, decía la cabeza mientras se acomodaba mejor a su cuerpo.
-¡Pero no me dejen malditos cerdos con este demonio! Gritaba el hombre lisiado mientras se arrastraba por el camino.
-Antes de que digas nada Robert, tienes que saber que dentro del carro hay una chica de unos 17 años muerta, estrangulada hasta la muerte con su ropa toda desgarrada sin mencionar que sus muslos están ensangrentados, ya sabes de donde proviene esa sangre.
-Si me lo imagino, el deseo pudo más que la razón con estos bandidos. Dijo el cadáver mientras se acomodaba mejor la cabeza sin mostrar signos de ningún sentimiento en su voz. Se dispuso a caminar hacia el hombre que seguía arrastrándose y tirando piedras al cadáver que consideraba demonio.
-Acaba con él Robert, es un ser despreciable que no merece vivir en este mundo, él y sus amigos se rotaron a la pobre chica por diversión sin pensar en las consecuencias de seguro, no es diferente a los criminales que decapitabas en la plaza, piensa como que estás haciendo horas extras.
Robert se acercó al hombre que se arrastró debajo de un árbol como animal acorralado y no dejaba de temblarle la boca, mirando frenéticamente hacia los lados evitando el contacto visual. Se puso junto a él, se agachó y miró con sus blancos ojos a la cara del bandido, este a su vez lo miró de vuelta y pudo apreciar su cara deforme y pálida.
-Dígame buen señor, ¿por qué hizo lo que hizo? Dijo Robert con la expectativa de que le respondiera algo en señal de entendimiento.
-Yo no sé nada maldito fenómeno, solo nos dijeron que al atardecer pasaría un coche sin custodia por el camino del bosque rumbo al pueblo, la paga fue buena y el extra sería el botín que hubiera en el carruaje. Decía el hombre mientras maldecía y sudaba a pesar de que era una noche fresca con una briza refrescante que hacía mover las hojas de los árboles.
-Ya veo, ¿Quién los contrato o sabes algo más?
El hombre al ver que cadáver hablaba con tono seguro, sin mostrar enojo o ira a pesar de lo que le estaba contando, se relajó un poco y dejó de temblar.
-Yo no sé nada, el que nos dio el dinero era un sirviente de un noble, lo sé por su ropa intentando ser elegante pero más aún, tenía un collarín con el símbolo de la familia a quien servía, un escudo rodeado de hojas de roble y en el medio un león acostado. Maldito cerdo desgraciado, tras decir eso escupe el suelo como si pronunciar ese escudo familiar fuera una ofensa para él.
-Ya veo, dijo Robert con voz tranquilizadora, seguido tras un movimiento sutil pero preciso sujetó la cabeza del hombre para luego dislocarle el cuello.
-Una muerte rápida eh indolora, demasiado gentil para una escoria como él, dijo Kevin.
-Él solo tuvo una vida dura como yo o como los demás integrantes de su grupo, nadie que lo apoyara o que lo consejara en su vida, tuvo la fortuna de contar con sentimientos pero se dejó guiar por sus deseos más oscuros, fue esclavo de su propia desgracia sin poder mirar que había un mejor camino fuera de todo ese lodo que evitaba que avanzara hacia una vida honesta. Mientras decía todo eso, cargaba el cadáver y lo sepultara al lado del camino, poniendo rocas encima de su tumba y colgando una cruz que se le cayó al monje en una rama que hacía de cruz.
Tras enterrar a los demás cuerpos que eran los dos soldados y la de la joven. Se dispuso a retirar del camino el tronco que lo obstruía. Retomando una vez más el viaje hacia la ciudad y aprovechar que todavía era de noche, Kevin se dispuso otra vez a hablar.
-¿Sabes quién usa también un collarín con ese logo familiar? Lo dijo con voz burlona, otra vez
-Sabes que no interactúo con la nobleza así que si vas a decir algo, dilo, sino deja de hablar. Dijo el cadáver que iba tropezando por culpa de alguna piedra o raíz del camino.
-El joven noble que vi en la iglesia que intentó cortejar a la mujer de negro, seguro que la pobre chica del carruaje le dijo que no a sus intenciones, de alguna forma elaboró que su escolta fuera solamente dos soldados y creo un plan para que si alguna otra mujer se negara a sus deseos se lo pensara dos veces. Menudo hombre está hecho, seguro de sí mismo con un objetivo bien claro, no como tú que nunca has tenido nada claro en la vida.
-¿Eso a qué espectro me recordará? Dijo Robert mientras lo miraba con su cara que ya mostraba síntomas de descomposición en su mejilla y mandíbula.
 

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